domingo, 15 de junio de 2008

Arthur Schopenhauer



Todos los ejemplos sorprendentes y chocantes de ruindad, maldad, traición, bajeza, envidia, necedad y doblez que uno haya tenido que experimentar y soportar no deben ser arrojados al viento; más bien se los debe utilizar como alimenta misanthropiae, recordarlos una y otra vez, y tenerlos siempre vívidamente presentes para nunca perder de vista la verdadera naturaleza de los seres humanos y evitar hacer a éstos concesiones de algún tipo. Pues observaremos que aquellos que nos inflingieron tales males se habían relacionado con nosotros durante años sin que nosotros los creyéramos capaces de hacer lo que terminaron haciendo; lo que lleva a pensar que fue sólo la ocasión lo que les permitió hacerlo. Cuando uno conoce a un hombre por primera vez no debe olvidar nunca que probablemente tendría que despreciarlo u odiarlo si llegara a conocerlo mejor.

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