jueves, 22 de diciembre de 2005

Sine die

Tener muertos en el armario no es asunto para compartir con tu jefe en la cena de Navidad. Menos aún tener moribundos que gimen y patalean por la noche y te impiden dormir hasta el agotamiento, hasta asegurarse de que careces de energía para rematarlos.

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